¿Cuál es la esencia Histórica de Barranquilla?

María José Morales Lemus 0 Comments

El Paseo de Bolívar en la Historia de la Ciudad.

Por: Adriano Córdoba

Director Archivo Histórico del Atlántico

Hasta bien entrado el siglo XIX, Barranquilla concentrará su población adyacente a su plaza principal, la plaza de la Iglesia San Nicolás. De allí surge la importancia de sus edificios administrativos y la Iglesia como centro del poder religioso.

En este sentido lo que hoy conocemos como Paseo de Bolívar, arteria fundamental de cuidad y centro neurálgico de su actividad comercial y administrativa, tendrá solo un rol fundamental en la Barranquilla de los últimos 100 años.

En 1880 tenemos el primer registro fotográfico del Paseo Bolívar e incluso de la ciudad. En esa ocasión quedaron registrados a lo lejos los intentos de remodelación de las torres de la Iglesia de San Nicolas y al fondo del “Paseo” la casa de Bartolomé Molinares donde en 1830 se hospedó el Libertador Simón Bolívar.Durante aquellos años no será más que una “calle ancha” bordeada de casas de bareque con techo de paja, desalineadas y dando un aspecto totalmente provinciano.

La Calle Ancha será entonces la calle posterior a la plaza principal de la ciudad, será un lugar secundario. Pero un gran cambio se presentó en 1886 cuando el Alcalde de la ciudad, Antonio Abello decide hacer una remodelación y convertir la Calle Ancha en un gran camellón con árboles y bancas para que los ciudadanos pudieran disfrutar de un paseo digno de una ciudad republicana. Desde este momento el Camellón Abello toma una importancia fundamental en la vida de los barranquilleros. Para 1900 tendrá un aspecto totalmente diferente al experimentado 20 años atrás. El centro de la calle estará pavimentado y  adornado con árboles. Así mismo la mayoría de casas de bareque han desaparecido para dar lugar a edificaciones bien acabas que le dan la bienvenida al siglo XX.

En 1903 se desarrolló a lo largo del Camellón Abello la primera Batalla de Flores que tuvo motivo en la ciudad. En esa ocasión las carrozas jaladas por caballos fueron decoradas con flores y se convirtieron en la mejor muestra de paz al término de la guerra de los Mil Días. Lentamente el Camellón Abello fue convirtiéndose en una artería vital para la ciudad y en él no sólo los desfile militares y las fiestas comenzaron a tener lugar, pronto el Club Barranquilla tuvo su sede allí en la acera contigua a la iglesia de San Nicolás. Para estos años la ciudad experimentaba un auge económico sin precedentes, la apertura comercial, la navegación a vapor, la incesante entrada y salida de productos convirtieron a Barranquilla rápidamente en una de las ciudades más pujantes del país. Su movimiento aduanero se refleja claramente en la majestuosidad del edificio de la Antigua Aduana de Barranquilla construido específicamente para el control del tránsito mercantil.

Con las celebraciones del primer Centenario de la Independencia las diferentes ciudades colocaron en marcha un plan de mejoramiento urbano. La adecuación de espacios públicos como parques, el mejoramiento de vías, la implantación del alumbrado público y la instalación de héroes mejoraron considerablemente su entorno. Con motivo de estas celebraciones la colonia italiana en la ciudad donó una estatua del Almirante Cristóbal Colón que fue colocada en la parte norte del Camellón, más precisamente frente al edificio del Cuartel. De allí en adelante comenzó a llamarse Paseo Colón. Lo mismo se hizo con otros espacios como la colocación de la estatua de la Libertad, donada por la colonia Siria, en el parque del Centenario y posteriormente la remodelación de la plaza de la Iglesia San Nicolás para la colocación de la estatua ecuestre del libertador Simón Bolívar.

A finales de la década de los 20s el Paseo Colón ya contaba con el primer semáforo de la ciudad, al tiempo que presenciaba los primeros accidentes automovilísticos. Para 1930 los últimos vestigios del Camellón fueron demolidos dando paso a la pavimentación de la calle. Para ese momento Barranquilla ya es toda una ciudad pujante y con vistos de una modernidad universal. Cincuenta años atrás los barranquilleros habían intentado construir su Camellón a semejanzas de los paseos de la París decimonónica y ahora traían a su ciudad los mejores inventos de la modernidad, Luz eléctrica, agua potable, teléfono, radio, cine, la construcción del barrio y hotel El Prado enorgullecían a sus ciudadanos.

El amanecer del siglo XX y los afanes de la modernidad llevaron igualmente a la construcción y demolición de grandes joyas en la búsqueda del mejoramiento y ampliación de los espacios vitales de ciudad. En 1928 fue terminado uno de estos monumentos insignes, el edificio Palma, propiedad de la familia Palma Molinares, pocos años después el Concejo Municipal autorizó la demolición del edificio del Cuartel con la intención de ampliar más la arteria y colocar la estatua del Libertador Simón Bolívar en su lugar. En ese momento el aspecto del Paseo Bolívar era inmejorable. La foto central de nuestra exposición así lo demuestra. Pero en estos mismos afanes de modernidad y ampliación fue demolida en 1945 la Mansión de Bartolomé Molinares, lugar de un inmenso simbolismo por la pernoctación del mismo Simón Bolívar antes de su cita con la muerte en Santa Marta.

La modernidad no tiene espera y en sus deseos renovadores convierte a los hombres en amantes de lo nuevo, en constructores sobre los cientos de las viejas ruinas del pasado y lo viejo cada vez es más corto. En 1955 se demolió el Edificio Palma en la necesidad de seguir ampliando el Paseo Bolívar. Ese edificio Palma que tantos suspiros de añoranzas nos arranca y que lució también unos de los primeros avisos de neón que se colocaron tan de moda a finales de la década de los 40s e inicio de los 50s. En su lugar se erigió en el año de 1962 el edificio de la Caja Agraria quien ganó el Premio Nacional de arquitectura. Ya en 1970 se remodeló nuevamente el espacio contiguo a la estatua del Libertador y hermosas fuentes de agua dieron un nuevo aspecto al Paseo. La desidia dejó en mal funcionamiento esta fuente que pronto se convirtió un sitió de refugio para la delincuencia y en una guarida pública en su cuarto de máquinas. Las recientes remodelación han dado una nueva cara al Paseo Bolívar, árboles, plantas, adoquines y un Camellón central nos llevan de vuelta a tiempo inmemoriales, cañones colocados para defender la plaza en las múltiples guerras civiles nos mezcla el republicanismo con la ebullición del presente.

Durante la última centuria el Paseo Bolívar presenció los discursos de encumbrados políticos con un público vestido de sombrero y traje blanco, los vió desfilar militar, política y festivamente. Vió a usuarios y empleados de bancos y oficinas entrar y salir de manera presurosa. Ha sentido el vapor del calor, las arterias de la lluvia y la visita rápida de sus ciudadanos. Se ha vestido de gala con flores y avisos luminosos en neón. Ha comprado y ha vendido, ha hospedado y ha hecho que sus líneas se bordeen con el inconfundible arte deco. Hay muchas formas de hacernos sentir en Barranquilla pero ninguna como en este Paseo de muchos nombres, rostros, colores, sabores, sonidos y sobre todo de la alegría del barranquillero.

 

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