EL PODER DE LA ORACIÓN

María José Morales Lemus 0 Comments

Me pregunto, ¿Para qué sirve la oración? ¿Realmente hay un Dios supremo que escucha?

Es difícil hablarle a alguien sin escuchar una respuesta, nuestra imperfección nos lleva a dudar acerca del poder de Dios.

Pero… ¿Estás seguro que no responde?

Quizás no responda y entable un dialogo contigo pero si es cierto que en medio de su absoluto silencio, el obra y se mueve, según tu fe el cumple: sueños, metas, anhelos y deseos de tu corazón, y lo más importante, propósitos.

Un propósito es tu llamado, estas  llamado a cumplir propósitos grandes, gracias a que tienes un Dios grande. Pero como sé ¿si tengo algún propósito en la vida? Y es ahí donde pienso si sirvo para algo o no.

La palabra de Dios me enseña que muchos son los llamados y pocos los escogidos,  me detengo para analizar y entender que Dios me llamó desde el vientre de mi madre y al nacer me guardó, usó personas para bendecir mi vida, añadió sabiduría a personas que me rodeaban para que esas personas me guiaran, cimentaran en mi valores y el amor por Dios, por un rey que dejó su trono Y dio su vida por mi,  al entender eso, sé  que me escogió para cumplir propósitos , para usarme a su favor, convirtiéndome en canal de bendición, eso me con lleva a preguntarme ¿será que soy digna de merecer que Dios me haya escogido? ¿Por qué yo, si no tengo nada para servirle?

Y la respuesta la encontré en que Dios no desprecia un corazón contrito y humillado,  así entendí que el único requisito que necesito para servirle es un corazón humillado. Pero aún no sabía si era digna de ese amor, si merecía que el pusiera sus ojos en mi. Y en ese instante algo vino a mi mente, y sabía que era de parte de Dios, convenciéndome de su amor y su misericordia para conmigo, solo tenia que poner mi vida en sus manos y el resto Él lo haría, él toma las riendas de mi vida y  de la tuya, para guiarnos y hacernos triunfar.

Es muy cierto que mi imperfección en ocasiones me obliga a dudar de la existencia de mi padre celestial, pero el espíritu santo, espíritu de Dios, vino a convencerme, y recordarme del sacrificio que hizo por mi, porque me amo, donde no le basto ni dolor, ni humillación, y que ingrata seria si no soy agradecida por esa muestra de amor que de hecho ha sido la mas grande.

-Nayleth Murillo.

Colegio San Pancracio

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