Pactos de educación: ¿Para qué se planean en Colombia si no se cumplen?

María José Morales Lemus 0 Comments

Tomado de EL ESPECTADOR

Redacción: Luis Cantillo

Para cumplir los pactos no basta con que se destinen recursos. Es necesario que se empiecen a involucrar personas que mantengan viva la llama de la educación.

La razón de centrar la atención en los Pactos por la Educación, a pesar del evidente incumplimiento de lo planeado y el escaso avance para hacerlos realidad, es ver que en varias regiones del país y fuera de Colombia se persiste en ello.

Tras revisar más de treinta y cinco experiencias nacionales y de otros países, y entrevistar a seis organizaciones con tradición en la construcción de Pactos por la Educación de la Red Latinoamericana por la Educación (REDUCA) encontramos que coinciden en vincular actores que antes no se interesaban por la educación o no lograban ser efectivos en el seguimiento de los acuerdos.

También identificamos que en la mayoría de los países los pactos surgen por iniciativa de los gobernantes. Sin embargo, procesos como los liderados por “Todos por la Educación” en Colombia y “Todos pela Educacao” en Brasil, demuestran que podrían estar en manos de otros actores, sin que esto afecte sus resultados. Por el contrario, tienen un impacto positivo al ampliar el abanico de soluciones y sumar esfuerzos al camino recorrido por sus gobiernos.

Estas experiencias muestran que los pactos se han convertido en una importante estrategia para que otros actores diferentes al gobierno, no solo valoren más la educación, sino que aprendan a involucrarse, a definir su responsabilidad, a participar en la reforma o construcción de nuevas políticas y a exigir su cumplimiento. Con los pactos ha surgido en estos países la cooperación entre diferentes actores, y como resultado, la apuesta por acordar estrategias, organizar equipos de trabajo, gestionar recursos y definir mecanismos que permitan realizar un seguimiento y evaluación de lo pactado. En concreto, se pacta para que cada quien encuentre la mejor manera de aportar y comprometerse desde su singularidad.

Esto no significa que al definir planes con recursos suficientes para desarrollarlos, involucrar a las comunidades y acompañar al gobierno; los pactos ya se puedan dar por cumplidos. Para lograrlo necesitamos personas que valoren cada vez más la educación producto de movilizar sueños, generar sinergias y trazar rutas para hacerlos realidad. En otras palabras, mantener viva la llama por la educación.

En conclusión, aunque no son un camino que por sí mismo garantice pasar del dicho al hecho, generan condiciones para que ocurra lo que hemos acordado y, sobre todo para convocar ciudadanías que compartan esta responsabilidad: comunidades educativas que contribuyen a mejorar la calidad y pertinencia de la educación, familias que apoyan los procesos de mejoramiento educativo, un sector privado que aporta con conocimiento, recursos complementarios para responder a las necesidades no atendidas, organizaciones de la sociedad civil que tejen lazos de cooperación entre el sector público y privado, un sector académico que produce reflexiones y saberes para afrontar nuestros mayores desafíos y, finalmente, estudiantes y docentes que aún no son tomados en cuenta y que tienen mucho por aportar.

Queda pendiente proponer cómo empezar a cambiar esta historia de acuerdos no cumplidos.

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